El regreso triunfal de un perdedor

Durante los años ochenta, Mickey Rourke se convirtió en el más fulgurante sex simbol de la gran pantalla. Películas como La ley de la calle, Manhattan Sur, o muy especialmente Nueve semanas y media le encumbraron al estrellato dentro del mundo del cine, y su imagen empapeló las paredes de millones de jovencitas que soñaban con su imagen de chico duro pero a la vez frágil.
Las drogas, el alcohol y los excesos por una vida llena de lujos que se le ponía por delante, adelantaron la caída en picado de este ídolo de oro que se convirtió en ídolo de barro. Los productores dejaron de confiar en esta estrella en desgracia pues llegaba tarde y borracho a los pocos rodajes en los que estaba contratado, hasta que decidió retomar su ex carrera como boxeador para poder ganarse la vida. El cine le había dado la espalda por completo.
Rourke comenzó un peregrinaje errático tanto por rings de todo Estados Unidos como por las mesas de operaciones de diferentes quirófanos, pues debido a los golpes que se estaba llevando, quería reconstruir su cara dañada. Esto hizo que presentara un aspecto más que lamentable durante mucho tiempo, pues las operaciones y los combates no hacían más que desfigurarle el rostro.
Ahora, con la película El luchador, el ídolo de barro vuelve a brillar y se convierte en oro, pues su excelente papel como el boxeador Randy “The Ram” Robinson le ha devuelto a las primeras páginas de la actualidad cinematográfica. El director Darren Aronofsky ha confiado en él para narrar este drama, El luchador, que se está convirtiendo en todo un éxito y a través del cual Mickey Rourke aspira al Oscar al mejor actor. La pelicula narra el esfuerzo de este hombre por alcanzar la gloria en los rings tras veinte años de decadencia, a la vez que intenta recuperar a su hija que le ha dado la espalda. Una historia sencilla y humana que supone todo un símbolo para Mickey Rourke.
(Imagen tomada de www.military.rightpundits.com)